Una de las mejores y sencillas cosas que puedes hacer durante el día es tomarte unos minutos para detener cualquier cosa que estés haciendo y simplemente observarte y respirar. Silenciar el ruido mental, poner atención a tu cuerpo (la circulación del aire en cada inhalación y exhalación, como se hinchan los pulmones y el abdomen, sentir los latidos del corazón, tus sensaciones físicas, relajarte si estás en tensión, etc.) Puedes hacer un breve análisis del estado de tu cuerpo desde la corona hasta los pies y observar si hay algún tipo de tensión que esté obstaculizando el paso de la energía. Si fuera así préstale atención y dale la orden de que se relaje. En este estado de calma y relajación puedes aprovechar para observar tus pensamientos sin enredarte ni juzgarlos. Obsérvalos como quien contempla una obra de teatro o una película. Eres un simple espectador de tu vida. Intenta desidentificarte con el personaje que unos minutos atrás estaba realizando
algún tipo de tarea. Ya no eres esa persona, haz un paso atrás y sal fuera del cuadro.

Respira. Inhala de forma suave y dulcemente, retén unos segundos el aire y suéltalo con calma y suavidad. Vuelve a retenerlo unos segundos al vacío antes de volver a hacer la siguiente inhalación. Dedícate un tiempo solo a ti. Este ejercicio tan sencillo es enormemente sanador y está a tu alcance en cualquier momento que te haga falta.Puedes ponerte una alarma en el móvil para recordartelo y realizarlo por ejemplo, cada hora.

Te aseguro que a medida que lo vayas repitiendo notarás una mejora considerable.

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